domingo, 28 de agosto de 2016

LA DÉCADA PRODIGIOSA.

Lo reconozco. Nada más lo vi, ya quería irme. Corría el mes de mayo de 2006, acababan de darme un nuevo destino -yo estaba en un cole de Siero- y no sabía muy bien por dónde quedaba eso del "CRA Gera", ni mucho menos lo que era un cole rural. Pedí permiso para ausentarme unas horas e ir a conocer de primera mano lo que me esperaba, y hablé con la tutora de Semellones, que me dio indicaciones para llegar: "Cuando pases los dos túneles, un poco más allá, donde pone 'Argancinas', coges el camino que sube y ya casi estás". Eso del "ya casi estás" era un tanto optimista, pero al final llegué. Un servidor, entre la ineptitud que otorga la edad y la ignorancia, buscaba algo que se asemejase un poco a un edificio escolar... ¡Aquello no era un colegio, era una casa! Por dentro, la impresión no era mucho mejor, pero bueno, habría que hacer "de tripas corazón"... La tutora, eso sí, me trató muy amablemente, me invitó a un café y unas pastas -cosa que repetiría sin saltármelo todos los días de mi estancia allí- y me invitó a conocer las instalaciones. He de decir que la visita fue corta, por lo pequeña de las mismas... Antes de marcharme, pasamos por el aula de los peques, mi futura clase. Los críos estaban en momento de descanso, cada uno a lo suyo y no repararon en tan ilustre visitante... Se acercaron entonces dos nenas y preguntaron "¿Así que tú vas a ser nuestro profe el año que viene?" Casi sin esperar respuesta, se marcharon riendo.
También yo emprendí el viaje de vuelta, un poco descolocado por lo que acababa de ver, aquellas clases con críos de diferentes cursos, el patio escolar que era un prao, el edificio... Pero también contento. Ya tenía "mi grupo", después de un par de cursos ejerciendo como profe de apoyo, otra vez volvía a ser tutor. Sí, eran de diferentes edades, sería raro, pero parecían majos...

No me equivoqué. Hubo muchas cosas que en esa primera visita no supe valorar. Ahora se me haría muy complicado vivir sin esa libertad y tranquilidad  que te otorga trabajar aquí, aspectos en los que también influyen mucho las familias del cole. Pero de largo, lo mejor de Gera son sus niños. Algo parecido pasó cuando me "deportaron" a Gera. Ese edificio tan pequeño, ese patio tan angosto, aquel compañero tan barbudo... Bueno, JM merece muchos artículos para él sólo, quiénes me conocen ya saben lo mucho que lo estimo y lo que tengo que agradecerle. Pero como decía, a esa primera mala impresión, se une la tristeza de perder a aquellos nenos de Semellones, lo cierto es que se establece una relación muy profunda tras dos cursos de aventuras y desventuras juntos. Otra vez fueron los críos los que "salvaron la situación", porque al igual que los de Semellones, son como descubrir un tesoro. Gracias a ellos, el cambio fue mucho más llevadero. En fin, a todos les debo yo un riñón, ciertamente.
En este tiempo, mi aprecio por este cole, por sus ventajas y desventajas, por su familias y por sus niños, ha ido aumentando en relación  inversa con la cantidad de pelo que soporta mi cuero cabelludo.

Sé que no cumpliré otra década aquí. Aunque también dije en su momento que a mí el coche "no me duraba otros 100.000" y estoy a punto de tener que desdecirme... Así que ¡qué carajo! ¡nunca se sabe! De momento, sobrevivimos ¡y que sea para rato!

La primera foto del cole, con un coche que me prestó mi hermano para tan largo viaje...











miércoles, 24 de agosto de 2016

"CUÁNDO YO ERA JOVEN..."

"En mis tiempos", "cuándo yo era como tú"... la fórmula es parecida, muchas historias de los abuelos empiezan así. En la mayoría de las ocasiones, sirve como introducción para enfrentar un hecho pasado con uno presente. Lo cierto es que nos viene muy bien para ilustrar el devenir de las escuelas rurales, o de esta escuela rural.
Cuándo yo mismo era joven, el CRA Gera-Cuarto de los Valles llevaba un curso funcionando como la fusión de dos antiguos colegios. Contaba en aquellos -lejanos- tiempos con 8 aulas, en 6 localidades del concejo y unos 60 alumnos. De eso hace justamente una década.
Si nos retrotraemos un poco más en el espacio temporal, cuando Jose era más mozalbete, estos dos coles no estaban aún unidos, porque ambos disfrutaban de bastantes más nenos y aulas. Como un castillo de naipes, Sorriba, Tejero, El Peligro, Folgueras... fueron cayendo una tras otra.
El presente curso empezamos a funcionar con 4 aulas, en 3 localidades. 35 nenos. En el futuro, ¿quién sabe?

Lo cierto es que éste pinta marrón tirando a negro para las escuelas rurales. Es evidente que de unos años a esta parte venimos acusando una gran bajada en las tasas de natalidad. En Asturias, el crecimiento de la población fue negativo este último año. Siendo el dato nefasto para el común de los colegios, es un drama para los CRAs. 5, 10 niños, pueden suponer la pérdida de un maestro, de un grupo-clase, o de una "línea", por ejemplo. 5 alumnos menos en una escuela rural, tal como están las cosas, puede derivar en su cierre. 

Si la población baja de forma global, el declive es mayor aún en las zonas rurales, pues se une la circunstancia de la escasa tasa de natalidad con la del abandono progresivo del mundo rural. De nuevo esta situación golpea a las escuelas como la nuestra y tiene el resultado que tiene. Aulas cerradas, y pueblos sin cole.

Un último factor -a buen seguro habrá otros- que es importante destacar para comprender esta evolución, es el escaso valor pedagógico que en bastantes casos se le concede y la concepción por parte de muchas familias de que, estudiando en el pueblo, sus hijos tendrán menos oportunidades. Estas dos ideas, si bien tienden a remitir, siguen fuertemente arraigadas. Son, ciertamente, profundamente injustas. Y erróneas. Lo más triste es que dichas ideas parten de gente que vive en el entorno rural.
Varios transportes escolares recorren todas las mañanas los "dominios" de nuestro entrañable colegio recogiendo a niños que cursan estudios en la "capital del reino". Si las autoridades educativas no hicieran la vista gorda y los colegios de Tineo no hubieran, tiempos ha, lanzado sus redes contra los nenos del concejo, prometiendo servicios gratuitos y ventajas -falsas- que no tendrían en la aldea, este humilde CRA gozaría de bastante mejor salud.  Sin embargo, toda esa propaganda no serviría de nada si quiénes la escuchasen no se dejasen convencer por estos cantos de sirena. Evidentemente, cada familia quiere lo mejor para sus hijos. Faltaría más. Pero "lo mejor", en este caso, es un concepto muy discutible. Sí, en las escuelas grandes hay más servicios, un comedor, mayor posibilidad de organizar actividades extraescolares... ¿Merece ello levantar al neno a horas intempestivas, mandarlo todos los días de viaje 40 minutos y recibirlo cuando ya casi se ha puesto el Sol? Porque paremos de contar, no hay más ventajas de un cole grande a uno pequeño. En lo que se refiere al ámbito pedagógico, en todos los tratados actuales se pondera el trabajo en equipo, las aulas con niños de diferentes edades, o los grupos reducidos. ¿Y eso por dónde queda? Pues aquí cerca, a la vuelta de la esquina, en el cole del pueblo. ¿Problemas de convivencia? ¿Eso qué ye? En un cole rural, esto -quitando casos excepcionales- "no se lleva". Las relaciones que se establecen entre los críos son sanas, enriquecedoras, donde los mayores ejercen casi como "tíos" de los peques, siendo, conceptualmente, casi como una gran familia.
Además, y sobre todo, los críos tienen derecho a ello. Merecen, como merece un niño de ciudad, estar escolarizados en su entorno. No valen aquí criterios de corte económico. Es una cuestión de justicia.
¿Y los maestros? ¿Son peores? Hombre, son los mismos. Uno no estudia para "profe rural" o de ciudad. Es más, toda esta diversidad de la que antes hablábamos, el tener que "lidiar" con nenos de diferentes edades, con 5 o 6 programaciones por clase, con horarios que te obligan a realizar trucos de magia para que todo cuadre, convierten a uno en mejor profesional, sin duda. Sí es cierto que las plantillas de los coles rurales son más volubles, hay cambios todos los cursos y muchos maestros permanecen poco en un mismo centro. Es normal que muchos profes de las zonas centrales quieran acercarse si pueden a casa. Aunque también habría que preguntarle a la Consejería por estas cuestiones... Muchos, muchos maestros no cambian más que por decreto, simplemente porque el sistema de interinidades y sustituciones les obliga.

Al final, todos estos factores tienen difícil diagnóstico y solución. La recuperación económica será determinante para favorecer la natalidad. La posibilidad de quedarse a ganarse la vida en el pueblo, generando más oportunidades, no poniendo tanta pega burocrática a todo, ofertando servicios, es clave en este asunto. El establecimiento de medidas por parte de la administración  que impidan que los nenos vayan a un colegio que no les corresponde, también. Entiéndaseme, uno puede ir dónde le de la gana, por supuesto. Pero no con "todo pago". Si quieres llevar al neno a 20 Km. de distancia, pues costéatelo tú, ciertamente.   El papel de los ayuntamientos, que han de ponerse las pilas y dejar de considerar a la población rural como ciudadanos de segunda, -pero de primera clase para pagar impuestos- ofreciendo los mismos servicios y equipamientos en los CRAs que en el resto de los centros, es igualmente importante. Dejaremos para el final el necesario cambio de mentalidad de muchas familias, valorando los pros y los contras de la educación rural de forma objetiva y no dejándose comer el coco por opiniones malintencionadas o desinformadas. Y en ello entramos nosotros, los que trabajamos aquí.Tenemos que dejar bien claro, con nuestro trabajo y con el resultado del mismo, que no tenemos nada que envidiar, en cuanto a calidad educativa, a un cole "normal". Poco a poco, esperemos que estas ideas vayan pues, cambiando. 
La pescadilla se muerde la cola: si existe un colegio en la zona, hay más posibilidades de establecerse en ella, de animarse a tener descendencia, de no emigrar a zonas urbanas. La aldea se vuelve más viva, tiene movimiento, gritos... niños. Si hay niños, hay cole. Y si hay cole, es difícil que se muera el pueblo. Como en un ecosistema, si falla una parte de la cadena, mal asunto.

¡Todo es tan complicado! Una cosa está clara, hay que vivir el presente, aunque intentando tender puentes en él para asegurar el futuro, incierto, el desgraciado... Ya mismo, en breve, comenzamos otro curso más, y esto es algo a celebrar. ¡Larga vida a los CRAs!