Se dice, y es cierto, que para los maestros el año empieza en septiembre. Sí, a mí se me escapa muchas veces aquello de "el próximo año, trabajaremos esto o lo otro", cuando en realidad lo correcto sería decir "el próximo curso"... Los nuevos propósitos, aunque más de tipo profesional, empiezan también en este mes. Lo de adelgazar, hacer deporte y esas cosillas, las dejaremos para enero, creo.
En suma, nuestro "año nuevo" ya está aquí. Nuevos retos, nuevos compañeros, ideas para trabajar esto o aquello, cuidadín con no sé qué contenido, que todos los años pasa lo mismo... Este es un curso algo especial, por primera vez en varios años no vamos a contar con ninguna cara nueva. Es una nefasta noticia para nuestra escuela. En el futuro ya veremos, aunque las previsiones no parece que vayan por el camino que nos gustaría. Es también algo extraño porque el grupo estará formado sólo por niños, sin /as... la verdad que en Gera, desde que yo estoy, siempre ha habido más niños que niñas, aunque este año más que nunca. No sé, es raro.
No todo es negativo. Resulta muy beneficioso contar con una cierta estabilidad, ya que la tutora de la clase de los mayores repite destino. Desde la marcha de "El Elegido", hemos tenido unos cursos de cierta incertidumbre, ya estábamos acostumbrados a que cada año hubiese desbandada general de profes interinos -y la mayoría no quería marchar-, pero no a cambiar de tutor. No sé, es evidente que es difícil preveer todas las situaciones, y que la situación del profesorado interino es la que es, pero tanto cambio... Quizás diga una burrada, pero sin oposiciones a la vista, no sé por qué no se les puede contratar por períodos más largos, o quizá que tengan preferencia a la hora de solicitar quedarse en la misma plaza, o qué sé yo. El caso es que al menos este año sí gozaremos de esa continuidad, lo que es una buena noticia.
El tiempo -cabrito-, va pasando. Creo que me puedo contar ya entre "la vieja guardia" del cole, soy el tercero que más años lleva. Hace nada, todo era nuevo y mira hoy.
Que soy raro, dicen. Es más que probable, ciertamente. Ya sé que podría ir a trabajar caminando. Puntos para elegir cualquier colegio tengo de sobra. Sí, puede parecer extraño que en vez de eso, me vaya a vivir en un piso compartido conmigo mismo a 150 km de casa. Sé que con ello me pierdo muchas cosas. El día a día de los sobrinos, la familia, amistades... Cada año más, el sentimiento de culpa por dejar a los papis, ya entrados en años, se acrecienta. Y pesa. Hombre, bien mirado, el tiempo que paso en el "lejano oeste", contando las vacaciones, fines de semana, puentes... viene a ser la mitad del año.
Pero lo cierto es que la salud mental de cada uno también es importante. Y yo no podría estar en un destino mejor del que estoy. Un remanso de paz, puede decirse. A ello contribuyen también en gran medida las familias, y no es "peloteo".
Al final, tras tanto tiempo, ese humilde edificio escolar es, casi casi, como si fuese "tuyo", no en un sentido de posesión, sino como una parte inherente a uno mismo.
Y los niños... Pues qué decir. Son una segunda familia. Desde que entran en Infantil hasta que se van, pasan nada menos que 9 años. Casi una década de convivencia da para mucho... Así que cuando cambian de clase, o al levantar el vuelo definitivamente hacia el "insti", pues te toca el corazoncito. Aunque luego se pasan de visita, los sigues por feisbuk, o los ves por la calle, o en una excursión, ya es otra cosa, claro. Y ellos, como es normal, con el tiempo te consideran de forma distinta. ¡Ley de vida!
Y así hemos llegado hasta aquí, en pocas horas otro curso, perdón, otro "año" más que empieza. En el futuro, Dios dirá, de momento ¡que me quiten lo bailao!, seguiré siendo un raro...



