El pasado año hubo un gran polémica a colación de cómo trataba el libro de texto de la Editorial Anaya las vidas de Lorca y Machado. Se quejaba el personal de que se endulzaban y omitían aspectos de sus muertes. Ciertamente, qué ganas de enredar tienen algunas mentes calenturientas. Desde mi punto de vista, hay que ponernos en situación y decir que se trataba de un libro de Lengua, para niños de 6-7 años. De lengua. ¿Qué necesidad tienen de saber a estas edades tales detalles? No se trata de esconder nada, pero, no sé, supongo que lo importante de estos autores será su legado literario, y no otros aspectos de su vida. Vamos digo yo. Si seguimos por ese camino, en estos libros se citan multitud de autores, científicos, músicos... ¿Por qué nadie se ha quejado de que en ellos no se hable de Rafael Alberti como un supuesto torturador en la Guerra Civil, o de que Colón andaba por ahí cargándose a algún indio que otro, o de que a Galileo lo sentenciara a pasar un tiempo en la cárcel la Inquisición? Pues porque no es relevante. No viene al caso, por Dios, tiempo al tiempo.
Y sin embargo, estos inquisidores modernos, sí pasan por alto ciertas cosillas en estos libros. Atención a la secuencia de acciones sobre cómo se hace un huevo frito. Libro de primero. Bien, ¿se ve algo raro?
¡Bingo! Ahí tenemos a la probe paisanuca realizando todo el trabajo, mientras que -supongo el marido- aparece sólo para degustar la comida... No sé, igual es que estoy yo algo tiquismiquis también, pero bueno, no costaba nada que el señor ayudase algo...





