viernes, 29 de octubre de 2010

"BOBADAS CONSUMISTAS"

Te lo repiten cuando hablas de la fiesta de Halloween. Que si hay que preservar lo nuestro, que si eso del "Jalogüin" no es más que otra tontería americana...

Hay que recordar que ni Halloween se llamó siempre Halloween, ni la idea de la calabaza iluminada o la petición de alimentos por las casas en tal noche es exclusiva de Estados Unidos. Cierto es que en la actualidad ha derivado hacia una vertiente más lúdica, pero el culto a los muertos, el miedo que los temas de ultratumba sugieren y los ritos que con este motivo han ido surgiendo, se remontan en la historia de la humanidad a la prehistoria. Samhain es la festividad de origen celta más importante del periodo pagano que dominó Europa hasta su conversión al cristianismo, en la que se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el "Año Nuevo Celta", que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición (el paso de un año a otro) como de apertura al otro mundo. 

Con el fin de asimilar esta costumbre tan arraigada, la Iglesia católica en el año 835 trasladó la festividad de Todos los Santos que se celebraba en mayo al 1 de noviembre y el Día de Difuntos más tarde en el 988 se instauró en el 2 de noviembre, buscando un sincretismo entre la tradición pagana y el cristianismo.

En Asturias concretamente existen en la memoria de los mayores algunas tradiciones ancestrales, como "el desfile de la Güestia", formado por almas en pena que llevan un hueso humano encendido y cuya vista hay que evitar para, como es evidente, no pasar a formar parte de ella.

Hace muchos años (desgraciadamente ya desapareció esta tradición) se tenía por costumbre, en víspera de Todos los Santos, colocar calabazas iluminadas en los huertos, en los cruces de caminos y hasta en las laderas de los montes cercanos a las aldeas. De ello se tiene constancia en localidades como Salas, Villaviciosa o el valle de Turón, en Mieres.  Por ejemplo, se cuenta que el monte Tandión, en Villaviciosa, nadie se atrevía a cruzarlo esa noche porque creían ver allí el rostro del diablo. Se trataba de una calavera con una vela encendida en su interior que alguien colocaba allí para gastar la típica broma a los vecinos.

Otras costumbres  fueron desapareciendo, por ejemplo, dejar pocillos de agua a la entrada de las casas, para que las ánimas saciaran su sed en caso de detenerse ante ellas. Incluso hay quien recuerda que, hasta hace unos 90 años, incluso se llevaban platos (generalmente con la comida favorita del fallecido o fallecida, tipo fabada, pote o arroz con leche,...) para depositarla sobre la losa del difunto.

Tampoco es exclusivo de EEUU el que los niños pidan dulces por las casas cercana la noche de difuntos. En Asturias, y en esa noche, también los niños iban pidiendo comida, especialmente dulces, por las casas. Sin embargo esta costumbre desapareció al ser prohibida  fulminantemente por la Iglesia.  

En cuanto al “amagüestu”, tenía lugar el día anterior y se comían las castañas en el campo, cerca de una hoguera, y al acabar se dejaban unas cuantas al objeto de que las comieran los difuntos.

Quiero decir con todo ello que "lo nuestro" es la suma de muchos siglos, de varias culturas y tradiciones. Y si a todas estas tradiciones ancestrales, le ponemos un componente de diversión, ¿qué mejor forma de aprender cosas hay en la escuela? 

domingo, 3 de octubre de 2010

ANIVERSARIO DE UNA INJUSTICIA

23 de septiembre. Año 2008. El apoyo a la escuela rural en las altas esferas educativas se pone de manifiesto una vez más. En estos días de huelgas generales, de piquetes antidemocráticos, y de sindicatos chupópteros, hay que destacar la justicia del plante de la comunidad de Semellones.
El jueves 18 nos confirmaron el cierre de la unidad, y el martes 23 fue el último día de clase, a lo que siguió el "levantamiento popular", largo e infructuoso, si hablamos de resultados.
Sólo una pequeña muestra del "follón" que se montó, especialmente recomendable el artículo en La Nueva España de Luis Arias Argüelles-Meres.

Cierto es que con la ley en la mano, no había remedio. Éramos 12, y debían ser 13 para mantenerla abierta. Dice uno de los pilares del derecho romano: "Summum ius summa iniuria", la aplicación estricta de la ley a veces supone la suma injusticia. Y bien se merecía esta escuela un poco de "manga ancha". Años y años de abandono y y favoritismos hacia las escuelas de ciudad bien lo valían. Sobre todo, teniendo en cuenta el dineral que se había gastado en acondicionarla, tirado a la basura sin contemplaciones. Luego eso sí, cuando la situación es al revés, cuando hay alumnos de sobra para crear o dividir las aulas, entonces ya no se es tan estricto.

Muchos podrán pensar el porqué de tanto revuelo "por cuatro güajes". Pues primero, porque es de justicia. Y segundo, porque si no se alza la voz contra estos atropellos, si seguimos siendo una sociedad acrítica y aborregada, por mal camino vamos. Y eso es lo que quieren, dejarnos morir, suponemos "un gran coste" para las arcas públicas. Tanto llenarse la boca con defender el medio rural, como un sector estratégico de la sociedad, y luego hacen estas cosas. Pues señores, ya lo dije, y lo repito: si hay escuela, hay niños; si hay niños, hay pueblo. Sin ellos, el pueblo termina muriéndose.