23 de septiembre. Año 2008. El apoyo a la escuela rural en las altas esferas educativas se pone de manifiesto una vez más. En estos días de huelgas generales, de piquetes antidemocráticos, y de sindicatos chupópteros, hay que destacar la justicia del plante de la comunidad de Semellones.
El jueves 18 nos confirmaron el cierre de la unidad, y el martes 23 fue el último día de clase, a lo que siguió el "levantamiento popular", largo e infructuoso, si hablamos de resultados.
Sólo una pequeña muestra del "follón" que se montó, especialmente recomendable el artículo en La Nueva España de Luis Arias Argüelles-Meres.
Cierto es que con la ley en la mano, no había remedio. Éramos 12, y debían ser 13 para mantenerla abierta. Dice uno de los pilares del derecho romano: "Summum ius summa iniuria", la aplicación estricta de la ley a veces supone la suma injusticia. Y bien se merecía esta escuela un poco de "manga ancha". Años y años de abandono y y favoritismos hacia las escuelas de ciudad bien lo valían. Sobre todo, teniendo en cuenta el dineral que se había gastado en acondicionarla, tirado a la basura sin contemplaciones. Luego eso sí, cuando la situación es al revés, cuando hay alumnos de sobra para crear o dividir las aulas, entonces ya no se es tan estricto.
Muchos podrán pensar el porqué de tanto revuelo "por cuatro güajes". Pues primero, porque es de justicia. Y segundo, porque si no se alza la voz contra estos atropellos, si seguimos siendo una sociedad acrítica y aborregada, por mal camino vamos. Y eso es lo que quieren, dejarnos morir, suponemos "un gran coste" para las arcas públicas. Tanto llenarse la boca con defender el medio rural, como un sector estratégico de la sociedad, y luego hacen estas cosas. Pues señores, ya lo dije, y lo repito: si hay escuela, hay niños; si hay niños, hay pueblo. Sin ellos, el pueblo termina muriéndose.



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