jueves, 17 de septiembre de 2009

CUENTOS DE AYER Y DE HOY

Que los cuentos tradicionales son sexistas y crueles a más no poder, es un hecho. Que hay que situarlos en su contexto, también.

El cuento clásico es cruel, pues no hay que olvidar que se usaba para advertir de los peligros que se podían correr en épocas en que la vida era mucho más dura y el concepto de infancia era totalmente diferente al actual.

Sexistas son un rato: la Ratita Presumida barre y barre. Blancanieves se encarga de las labores del hogar mientras los enanitos van a trabajar a la mina (por cierto, después de haberla cobijado y de enfrentarse a la Reina, quien se la lleva es el guaperas que pasa por allí, a ellos que les den...). Y la Bella Durmiente no es nadie hasta que un hombre, el Príncipe Azul, viene a rescatarla mediante un beso. Cenicienta, de origen chino, tenía los pies pequeños porque en la infancia, a muchas niñas les hacían calzarse zapatos con números pequeños para que no les creciesen los pies en exceso. Casi siempre en estos cuentos "las advertidas" de peligros son las féminas, los machotes sólo van a su rescate... Caperucita es un buen ejemplo, y eso que no citaremos aquí "la versión más cruda" porque se las trae...

Igualmente, el hecho es que siguen siendo crueles, y ya no estamos en ese contexto. Lobos abiertos en canal, muerte, castigos exagerados, seres que se comen a niños,... ¡Por Dios, pero si a Pulgarcito sus padres lo abandonan en el bosque porque no tienen con qué darle de comer!
Se puede aducir la paradoja de que estas historias se consideren crueles en una sociedad en la que los niños ven "de todo" por televisión... Es cierto, también hablaremos un día del "horario de protección infantil" en la TV, que no es tal ¿verdad, Jorge Javier Vázquez?

A mí hay dos que siempre me han impactado: El patito feo y Bambi. Me niego a contar ninguno de ellos. El primero por racista. El pobre patito, por distinto, lo van largando de diferentes sitios, hasta que encuentra a "su gente". Vamos, que "los buenos" son los de tu clase, y/o raza...
Y con Bambi todavía tengo en la retina el momento en que se cargan al padre, en serio.

Bruno Bettelheim, en su libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” rescata y analiza la utilidad de ellos en el proceso de maduración y comprensión de la realidad de los niños. Para este autor los clásicos “enfrentan al niño con realidades duras, que constituyen conflictos básicos humanos”. “Estos cuentos hablan de los fuertes impulsos internos de un modo que el niño puede comprender inconscientemente y le ofrecen ejemplos de que las dificultades que lo apremian son superables”.

Los cuentos recogen, a través de siglos de repetición y refinamiento, los problemas y angustias existenciales que vivencian los niños: la necesidad de ser amado, el temor al abandono, el miedo a la muerte, el deseo de vivir eternamente. Al mismo tiempo, ofrecen soluciones que están al alcance del nivel de comprensión del niño e indican, de manera muy general, que lo único que nos puede ayudar en la búsqueda de sentido es la formación de un vínculo realmente satisfactorio con otra persona.

Dicen los expertos que los miedos infantiles no surgen de estos cuentos, sino del alma. Es decir, los propios niños los fabrican.

Sí, es cierto todo ello. También es cierto que los cuentos modernos hablan de todos estos temas y pueden servir para lo mismo, sin tanta crueldad.

No soy yo de los que defienden la eliminación de los cuentos de hadas o clásicos, pero si mantengo que hay que enfocarlos adecuadamente. Durante siglos, estos cuentos se han ido revisando y suavizando, por decirlo de alguna manera.

No creo cometer un sacrilegio si omito o suavizo ciertos detalles de los cuentos más crueles, por ejemplo. En "mis cuentos", no muere tanto bicho. También hay alguno que tengo "vetado", como ya he mencionado.

Creo además que si bien estos cuentos son beneficiosos, no es bueno basarse sólo en ellos. A mí los modernos me gustan más -aunque también hay de todo-, y se pueden encontrar como ya he dicho los mismos temas que interesan a los peques.

Por otro lado, también defiendo la necesidad de introducir algunos cambios en determinadas historias y textos con el objeto de respetar y favorecer el objetivo de la coeducación. No se trata de cambiar todo y proponer por ejemplo que Caperucita sea ahora “Caperucito”. Esto a los niños no les gusta especialmente, les desconcierta y protestan. Sí se puede y se debe introducir cambios respecto a roles, desempeños del sexo femenino, algunos personajes menos conocidos,… No se trata, en suma, de decir que la ratita presumida no estaba barriendo, pero sí que podemos añadir juicios o frases como “vaya, que fastidio, siempre barriendo” o hacer notar que unos días barre ella y otros su hermano,…

En fin, que cuentos clásicos sí, pero con matices...


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