domingo, 6 de junio de 2010

ENSEÑAR HISTORIA

El galeón de Manila
Cuando ves por la tele a adolescentes que no saben quién era Pelayo, o Carlos I, y así un largo etcétera, te llevas las manos a la cabeza. Y no es culpa de ellos. Algo se está haciendo mal cuando se enseña la Historia.
Todos recordamos el "peñazo" que era escuchar las largas charlas del profesor de turno sobre la estructura social romana, la domus, la economía de los primeros pobladores de la Península,...

Y claro, no es extraño que no se tome con interés. Además claro del retroceso en importancia y en horas de la enseñanza de la Historia en nuestro currículo. Cierto es que hasta una determinada edad, hacia el fin de la etapa primaria, no es conveniente por la propia estructura mental de l@s niñ@s comenzar de forma un poco profunda.
Pero es que si nada más empezar con ello, les metemos estos rollazos...

Y digo yo: ¿no sería mejor ir de la "microhistoria" a la "macrohistoria"? Es decir, no comenzar como siempre se hace estudiando los pueblos primitivos (estructura social, económica, nacimiento y declive), luego los romanos (estructura social, económica, nacimiento y declive); más tarde los visigodos (estructura...bueno, eso); los de más allá,... y así hasta el final de los tiempos. Recordamos la Historia como una asignatura de empollar. Incluso en los exámenes te ponían "preguntas cortas" para responder con la fecha exacta de tal o cual suceso. No creo que ese sea el camino.

Como decía alguien en una peli, "no soy experto en el tema", pero seguro que sería mucho más entretenido hablar de cosas más puntuales y cercanas.
A mí como escolar me hubiera gustado un montón que me hablasen de, por ejemplo:
  • - La razón de que los romanos le cortasen las manos a los prisioneros astures.
  • -El alzamiento y fuga de los astures y cántabros confinados como esclavos en casas particulares gallegas, con el "ajusticiamiento" de sus dueños y huída al hogar.
  • - La verdadera historia de la Batalla de Covadonga, y no esa patochada pseudomilagrosa que nos cuentan.
  • - El galeón de Manila, que unía Acapulco con Filipinas...¡en 1565!, y fue la línea trasantlántica más larga y duradera que ha existido.
  • -Las aventuras de los espías de Felipe II, que formaban el mejor y más potente servicio de inteligencia europeo de la época.
  • - La participación vital en la defensa de La Coruña en 1589 contra el corsario Francis Drake de María Pita, al grito de "¡Quien tenga honra que me siga!".
  • - La "chulería" del capitán Julio León Fandiño cuando le cortó una oreja al pirata inglés.
  • - La historia de Manuela Malasaña, una heroína en el alzamiento de 1808.
  • - La batalla de Peñaflor, en Grado, donde 400 asturianos mal preparados se opusieron al por entonces ejército más poderoso del mundo, mandado por el General Ney, que venía de arrasar Tineo.
  • - O el papel del Regimiento de Cangas de Tineo en el ataque a Villanueva de los Castillejos, por el cuál es declarado "Benemérito de la Patria", en 1811.
  • - Las miserias de Concepción Arenal, firme defensora del derecho a la educación de las mujeres y que en 1842 tuvo que vestirse de hombre para poder asistir a la Facultad de Derecho.
  • - La valentía de Ángel Sanz Briz, diplomático español destinado en la embajada de Budapest que durante la 2º guerra mundial arriesgó su vida para salvar a 5.000 judíos (5 veces más que el archiconocido Schindler)

En fin, buenas historias hay muchas. Ya me hubiera gustado a mí que me las hubieran contado. ¿No sería más fácil, a partir de ellas, extrapolar contenidos y pasar a estudiar entonces de forma más general los distintos períodos históricos? Seguro que la predisposición era mucho mayor, e incluso animaría a algun@s a investigar por sí mism@s (no sé si me emociono demasiado...)

En suma, relatos cercanos, que enganchan, que cuenten la historia tal como es, con sus miserias y sus grandezas; sin complejos ni reducciones "políticamente correctas". Yo creo que algo se conseguiría, ya que tal como está la cosa, por probar...

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