Ahora que llegan las vacaciones, uno empieza a escuchar la cantinela de siempre. Conocidos, desconocidos, amigos, medio amigos... -"¡Qué vida os pegáis, los maestros!". Lo cierto es que uno se lo toma por las buenas, no deja de ser en la mayoría de los casos un comentario amistoso. Y en ocasiones, hasta nosotros mismos se lo decimos al amigo de la infancia para "hacerlo rabiar"...
Aunque si yo voy y le espeto al primero que pasa, que es más vago que la chaqueta de un guardia, es de suponer que muy bien no le sentará...
Podemos coincidir en que los dos meses de verano son quizá excesivos, aunque también es cierto que muchos maestros y maestras son requeridos en el mes de julio para formar parte de los "temidos" tribunales de oposición, con lo que para algunos las vacaciones se quedan en la mitad. Yo no tendría inconveniente en trabajar el mes de julio, lo digo bien alto. Es más, creo que llegaremos a eso con el tiempo.
A las bravas podría contestar a quienes me acusan sibilinamente de ser un vago, que el conocimiento es gratis -en teoría-. Haber estudiado magisterio...Aunque creo que ningún maestro estudió con vistas a disfrutar de largas vacaciones.
Hay que decir también, para los que nos lo echan en cara con maldad, y esto vale para todos los funcionarios, que mientras muchos dejaron sus estudios para enrolarse en el primer trabajo que vieron, nosotros nos encerramos en casa, abrimos el libro y nos dedicamos a estudiar. Que no sucumbimos a la opción fácil y que ocupamos los mejores años de la juventud en labrarnos un futuro, y conseguimos con nuestro esfuerzo superar unas oposiciones y lograr el sueño de trabajar en algo que nos gusta de verdad.
No quiero con ello menospreciar ni mucho menos a nadie, pero cada uno ha tirado por el camino que ha querido o ha podido. Tampoco es que la carrera de magisterio sea difícil, ni las oposiciones un escollo al alcance de elegidos. Pero hay que llamar a las cosas por su nombre. Nos lo hemos ganado.
Para terminar, hay que destacar que la jornada de un maestro no se acaba cuando se cierra el aula. Quien más quien menos se va para casa pensando en cómo ayudar a éste o al otro, discurre actividades, planea nuevas posibilidades. Y todo ello lo hace al llegar a casita, en otros trabajos esto no sucede. Y pasa horas formándose, buscando información, corrigiendo errores...Vamos, que no es llegar a casa y tirarse en el sofá.
En fin, no tenemos por qué justificarnos ante nadie, pero lo cierto es que no somos precisamente los que menos dan golpe en el mundo. Evidentemente que muchas personas tienen horarios peores que los nuestros, y son más trabajadores. Pero nosotros también lo somos. Y a mucha honra.
Aunque si yo voy y le espeto al primero que pasa, que es más vago que la chaqueta de un guardia, es de suponer que muy bien no le sentará...
Podemos coincidir en que los dos meses de verano son quizá excesivos, aunque también es cierto que muchos maestros y maestras son requeridos en el mes de julio para formar parte de los "temidos" tribunales de oposición, con lo que para algunos las vacaciones se quedan en la mitad. Yo no tendría inconveniente en trabajar el mes de julio, lo digo bien alto. Es más, creo que llegaremos a eso con el tiempo.
A las bravas podría contestar a quienes me acusan sibilinamente de ser un vago, que el conocimiento es gratis -en teoría-. Haber estudiado magisterio...Aunque creo que ningún maestro estudió con vistas a disfrutar de largas vacaciones.
Hay que decir también, para los que nos lo echan en cara con maldad, y esto vale para todos los funcionarios, que mientras muchos dejaron sus estudios para enrolarse en el primer trabajo que vieron, nosotros nos encerramos en casa, abrimos el libro y nos dedicamos a estudiar. Que no sucumbimos a la opción fácil y que ocupamos los mejores años de la juventud en labrarnos un futuro, y conseguimos con nuestro esfuerzo superar unas oposiciones y lograr el sueño de trabajar en algo que nos gusta de verdad.
No quiero con ello menospreciar ni mucho menos a nadie, pero cada uno ha tirado por el camino que ha querido o ha podido. Tampoco es que la carrera de magisterio sea difícil, ni las oposiciones un escollo al alcance de elegidos. Pero hay que llamar a las cosas por su nombre. Nos lo hemos ganado.
Para terminar, hay que destacar que la jornada de un maestro no se acaba cuando se cierra el aula. Quien más quien menos se va para casa pensando en cómo ayudar a éste o al otro, discurre actividades, planea nuevas posibilidades. Y todo ello lo hace al llegar a casita, en otros trabajos esto no sucede. Y pasa horas formándose, buscando información, corrigiendo errores...Vamos, que no es llegar a casa y tirarse en el sofá.
En fin, no tenemos por qué justificarnos ante nadie, pero lo cierto es que no somos precisamente los que menos dan golpe en el mundo. Evidentemente que muchas personas tienen horarios peores que los nuestros, y son más trabajadores. Pero nosotros también lo somos. Y a mucha honra.



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