Lo reconozco. Nada más lo vi, ya quería irme. Corría el mes de mayo
de 2006, acababan de darme un nuevo destino -yo estaba en un cole de
Siero- y no sabía muy bien por dónde quedaba eso del "CRA Gera", ni
mucho menos lo que era un cole rural. Pedí permiso para ausentarme unas
horas e ir a conocer de primera mano lo que me esperaba, y hablé con la
tutora de Semellones, que me dio indicaciones para llegar: "Cuando pases
los dos túneles, un poco más allá, donde pone 'Argancinas', coges el
camino que sube y ya casi estás". Eso del "ya casi estás" era un tanto
optimista, pero al final llegué. Un servidor, entre la ineptitud que
otorga la edad y la ignorancia, buscaba algo que se asemejase un poco a
un edificio escolar... ¡Aquello no era un colegio, era una casa! Por
dentro, la impresión no era mucho mejor, pero bueno, habría que hacer
"de tripas corazón"... La tutora, eso sí, me trató muy amablemente, me
invitó a un café y unas pastas -cosa que repetiría sin saltármelo todos
los días de mi estancia allí- y me invitó a conocer las instalaciones.
He de decir que la visita fue corta, por lo pequeña de las mismas...
Antes de marcharme, pasamos por el aula de los peques, mi futura clase. Los críos estaban en momento de descanso, cada uno a
lo suyo y no repararon en tan ilustre visitante... Se acercaron
entonces dos nenas y preguntaron "¿Así que tú vas a ser nuestro profe el
año que viene?" Casi sin esperar respuesta, se marcharon riendo.
También
yo emprendí el viaje de vuelta, un poco descolocado por lo que acababa
de ver, aquellas clases con críos de diferentes cursos, el patio escolar
que era un prao, el edificio... Pero también contento. Ya tenía "mi
grupo", después de un par de cursos ejerciendo como profe de apoyo, otra vez
volvía a ser tutor. Sí, eran de diferentes edades, sería raro, pero
parecían majos...
No me equivoqué. Hubo muchas cosas que en esa primera visita no supe valorar. Ahora se me haría muy complicado vivir sin esa libertad y tranquilidad que te otorga trabajar aquí, aspectos en los que también influyen mucho las familias del cole. Pero de largo, lo mejor de Gera son sus niños. Algo parecido pasó cuando me "deportaron" a Gera. Ese edificio tan pequeño, ese patio tan angosto, aquel compañero tan barbudo... Bueno, JM merece muchos artículos para él sólo, quiénes me conocen ya saben lo mucho que lo estimo y lo que tengo que agradecerle. Pero como decía, a esa primera mala impresión, se une la tristeza de perder a aquellos nenos de Semellones, lo cierto es que se establece una relación muy profunda tras dos cursos de aventuras y desventuras juntos. Otra vez fueron los críos los que "salvaron la situación", porque al igual que los de Semellones, son como descubrir un tesoro. Gracias a ellos, el cambio fue mucho más llevadero. En fin, a todos les debo yo un riñón, ciertamente.
En este tiempo, mi aprecio por este cole, por sus ventajas y desventajas, por su familias y por sus niños, ha ido aumentando en relación inversa con la cantidad de pelo que soporta mi cuero cabelludo.
Sé que no cumpliré otra década aquí. Aunque también dije en su momento que a mí el coche "no me duraba otros 100.000" y estoy a punto de tener que desdecirme... Así que ¡qué carajo! ¡nunca se sabe! De momento, sobrevivimos ¡y que sea para rato!
| La primera foto del cole, con un coche que me prestó mi hermano para tan largo viaje... |



3 comentarios:
Esperemos que cumplas otra década,mínimo,aquí. Otra cosa es que el Golf aguante otros 100.000...
Los niños de Gera están encantados y los padres más aún, no hay palabras suficientes para agradecerte la dedicación y el cariño que transmites a todos y el trato que reciben los más peques y su adaptación al cole es primordial para que quieran ir y luego tu seguimiento de los mayores. ESPERO SEGUIR CRUZANDOME CON EL GOLF MUCHOS AÑOS MAS Y SI NO CON OTRO COCHE PERO CON EL MISMO PROFE DENTRO.
Sin duda son comentarios en exceso benevolentes. El aprecio es recíproco, ¡gracias!
Publicar un comentario