jueves, 6 de agosto de 2009

EL PRECIO DEL PARAÍSO

El libro de Manuel Leguineche narra la vida de Antonio García Barón, un recorrido particular que toca muchos de los males del pasado Siglo a través de su figura.

Nacido en Monzón (Huesca) en 1922, con tan solo 14 años, marcha como miliciano voluntario en la Columna Durruti. Sobrevive a la guerra, y con 17 años cruza la frontera hacia Francia. Mucho habría que hablar sobre el trato que dió este país a los refugiados españoles, los que luego ayudarían a su liberación, por cierto. Encerrado en el campo de castigo de Vernet, en octubre se alista en el ejército francés, siendo destinado a la 5ª compañía de armas de Cambray, a cavar trincheras en la línea Maginot. Combate a los nazis y, derrotado, alcanza la costa de Dunquerque para ser evacuado pero, abandonado, intenta con un grupo de republicanos españoles alcanzar la Alta Saboya para unirse al Maquis. Detenido en junio de 1940, tras una penosa marcha, es enviado a Nuremberg y de allí a la aldea austriaca de Mauthausen. Aquí pasará cinco años de su vida. El relato de aquellos años es durísimo. Muertes, palizas, vejaciones,.. Era uno de los más duros, y se cebaron con él. El 5-5-1945, los aliados liberan el campo, a sólo cuatro días del final de la guerra en Europa. Se estima oficialmente en unos 11.000 los españoles victimas de la barbarie nazi y en unos 2.000 los supervivientes. Antonio trabaja varios años en París, y a instancia del escritor libertario Gastón Leval, conoce Rurrenabaque, en la Amazonia boliviana, hacia donde dirige sus pasos en 1951 al conseguir un visado de entrada. Se instala en la selva, a orillas del río Beni y conoce a su compañera, la indígena Irma, y junto a sus cuatro hijas e hijo, han creado su pequeño paraíso libertario “ la república del Quiquibey “ viviendo en una economía de autoconsumo y trueque, dejando así atrás una Europa arrasada por la guerra. Murió el año pasado, dejando atrás una vida llena de acontecimientos.

Una historia verdaderamente alucinante, aunque su protagonista lo es más. Manuel Leguineche culmina aquí uno de sus mejores libros, a mí particularmente el que más me ha gustado.

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